
Aunque la globalización a veces constituye un enemigo, lo cierto es que hemos de reconocer que somos de tradiciones, de costumbres y de celebraciones que se transmiten de generación en generación.
Sin ir más lejos, esta etapa de la Navidad, siendo una celebración religiosa, involucra sus costumbres y diría que un cierto patrón: cena de Nochebuena y comida de Navidad en familia, regalos, decorar la casa con motivos navideños, gastronomía muy marcada para estos días (sopas, asados, dulces navideños…) no deja de ser una costumbre y una celebración religioso-cultural y siempre en el seno familiar.
La agenda 2030, dentro del marco de la sostenibilidad, quiere preservar estas tradiciones que la Unesco las define como Patrimonio Cultural Inmaterial o Patrimonio Vivo, es decir, aquel conocimiento, habilidades y prácticas locales que tienen un arraigo en muchas generaciones atrás pero que se han mantenido a lo largo del tiempo y son una fuente de resiliencia comunitaria y constituyen un pilar fundamental en la educación de los jóvenes, quienes aprenden de su cultura y valores.
Pero hay otra faceta que quizás no siempre contemplamos, y es que además de mantener esta identidad, nos proporciona una fuente vital de ingresos y un trabajo decente para muchas personas en todo el mundo, pues todos los pueblos, por pequeños que sean, tienen sus tradiciones y costumbres, y en las zonas rurales o en lugares más pobres la artesanía y el turismo pueden crear y mantener varios puestos de trabajo.
Por otro lado, el cambio climático y los problemas dietéticos actuales están favoreciendo los sistemas agrícolas tradicionales para proporcionarnos una dieta más saludable y variada al mismo tiempo que preserva los ecosistemas y mantienen la diversidad genética.
A través de la celebración de la diversidad cultural como por ejemplo las Fallas de Valencia, los carnavales en muchos puntos del planeta, ferias, festivales, celebraciones religiosas y tradicionales, se fomentan unas relaciones sociales armoniosas, tanto en zonas rurales como urbanas. Y el turismo bien gestionado alimenta dichas celebraciones, no sólo evitando que se extingan en el tiempo, sino que se aviven, siempre y cuando trabajemos por mantener su genuinidad.
Por ello, el destino y las empresas turísticas deben apoyar la celebración para proteger este Patrimonio Material Intangible que comprenden las artes, la música, el idioma, la gastronomía y tradiciones locales que conforman los aspectos de identidad y distinción de un área o localidad.
Se manifiestan a través de representaciones, expresiones, conocimientos y habilidades transmitidos de generación en generación y sólo para esa comunidad específica.

© Ministry of Agriculture, Forestry and Fisheries, Japan, 2013
A nivel culinario y por la época en que estamos podríamos destacar el Washoku en Japón, una tradición culinaria para celebrar el Año Nuevo donde los japoneses preparan diversos manjares para dar la bienvenida a las divinidades del año entrante: pasteles de arroz y platos especiales, bien ornamentados y preparados con ingredientes frescos. Cada uno comporta un significado simbólico distinto y se sirven en una vajilla especial para compartidos por los miembros de la familia o de la comunidad. Este patrimonio cultural está vinculado a un principio de respeto por la naturaleza estrechamente relacionado con la gestión sostenible de los recursos, fomentando el consumo de ingredientes naturales y locales como arroz, pescado, verduras y plantas silvestres comestibles.
Para alimentar esta tradición, recogida también por la Unesco como Patrimonio Ingangible, asociaciones locales, docentes y los profesores de cocina también trabajan y desempeñan un papel importante en la transmisión de estos conocimientos y competencias prácticas por medio de la enseñanza, formal o no formal, y de la práctica. Es un buen método para cultivar las tradiciones entre las generaciones más jóvenes.
En España, mantenemos muchas tradiciones que son motivo de celebración como, por ejemplo, la fiesta ecuestre en Caravaca de la Cruz (Murcia) denominada “Los Caballos del Vino” donde el protagonista son el caballo y el vino que tras la cosecha se subía al lomo del caballo, pero manteniendo siempre un respeto por el animal. Esta fiesta se remonta a la Edad Media y sigue celebrándose cada 2 de mayo con una participación inclusiva (todas las edades, géneros y condición social) como una celebración legendaria y cultural que fomenta la camaradería y la cohesión social.

Otro ejemplo sería La Patum de Berga, en la provincia de Barcelona. Tiene su origen hace más de 600 años. Comenzó siendo una pequeña obra de teatro o entremés durante las procesiones de Corpus Christi y cuya finalidad era educar, moralizar y aleccionar al pueblo para que profundizara en el conocimiento de las Sagradas Escrituras.
Poco a poco, fueron perdiendo su sentido original y quedando sólo las representaciones de las partes más festivas. El jolgorio del séquito procesional fue subiendo de tono, sobre todo antes de la salida de la procesión y también a su fin.
En varias ciudades catalanas, este fenómeno fue erradicado como consecuencia de las prohibiciones impuestas por los poderes civil, eclesiástico y real. Como consecuencia de las disposiciones restrictivas del siglo XVIII, pocas manifestaciones sobrevivieron al Concilio de Trento (1563), e incluso los entremeses quedaron tocados de muerte. dejaron de ser comestibles.
Este fenómeno, que tuvo lugar en varias aldeas y ciudades de Cataluña, fue extinguiéndose como consecuencia de las prohibiciones promulgadas por los poderes civil, eclesiástico y real, de modo que pocas manifestaciones sobrevivieron al Concilio de Trento (1563), e incluso los entremeses quedaron tocados de muerte por las restrictivas disposiciones del siglo XVIII. Pero sólo la ciudad de Berga ha sido capaz de mantener y conservar la suya a través de los siglos: La Patum que actualmente está declarada por la Unesco como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.
Pero no todo este patrimonio intangible se refiere a fiestas y celebraciones. También se tienen en cuenta las habilidades como “El toque manual de las campanas” también reconocido por la Unesco.
El toque de las campanas en España ha sido durante siglos un medio de comunicación no sólo por temas religiosos sino también por protección y otras funciones sociales. Y existen una gran variedad de sonidos en función de las técnicas aplicadas (repique, volteo o medio volteo) que combinadas con las habilidades de los campaneros y las características físicas y propiedades acústicas de las campanas, torres, campanarios y espadañas.
Cuando era pequeña recuerdo que las campanas sonaban muy deprisa cuando había fuego, o también anunciaban cuándo alguien del pueblo había fallecido y por la forma de tocar se podía saber si era hombre o mujer. La manera de tocar también es diferente de cuándo avisan media hora antes para la misa habitual y después más corto cuando quedaba un cuarto de hora, que cuando falta media hora para un funeral donde el sonido de la campana era mucho más triste y lánguido.

En definitiva, el arte de tocar las campanas recoge un rico repertorio tanto en el ámbito religioso como en el cívico para marcar distintos momentos del día ya sea y son también una parte central de los eventos, celebraciones y espectáculos locales.
Esta práctica de los campaneros se transmite a las generaciones más jóvenes para que este arte del toque tradicional de la campana se difunda. Existen organizaciones de campaneros para dejar este legado reclutando a jóvenes entusiastas que desean continuar con la práctica.

© Campaners d’Albaida/Paco Boronat, 2013
Cambiamos de continente y a otro tipo manifestación cultural: el tango. Tiene origen en la cuenca del río de la Plata, entre Montevideo y Buenos Aires y se desarrolló entre las clases más populares donde se mezclaban emigrantes europeos, los descendientes de esclavos africanos y los nativos (criollos) dando lugar a una identidad cultural constituida por una amalgama de creencias, ritos y costumbres. Y una de sus expresiones culturales fue la música y el baile del tango que comenzó a practicarse en las típicas salas de baile de Buenos Aires y Montevideo y se ha ido difundiendo por el mundo entero. Lo excepcional, es que hoy día existe una comunidad entera formada por músicos, bailarines profesionales aficionados, coreógrafos, compositores, letristas y profesores que enseñan este arte y hacen descubrir los tesoros vivos nacionales que encarnan la cultura del tango.

Fotógrafo: Correa, Gustavo & Fernandez Dvoskin
© 2008, by Ministerio de Cultura Ciudad de Buenos Aires
Podría continuar con cientos de patrimonios intangibles más repartidos por todo el mundo, pero la lista a día de hoy comprende 677 elementos. Os dejo aquí el enlace para los más curiosos: https://ich.unesco.org/es/RL
Pero mi mensaje principal, es que tanto si viajamos por nuestro país como si salimos al extranjero procuremos siempre informarnos si nuestras vacaciones coinciden con una celebración en el destino y buscar proveedores de servicios (hoteles, excursiones, restaurantes y otros servicios de ocio) que apoyen la diversidad cultural de la zona, y a través de nuestras visitas podamos palpar la cultura y las tradiciones del lugar de un modo genuino, evitando lugares demasiado turísticos donde la esencia se pierde, y buscando en vez experiencias con un número reducido de personas. De este modo, no seremos meros espectadores, si no que estaremos participando activamente de esta cultura al mismo tiempo que apoyamos su continuidad y la economía del lugar ya que las manifestaciones culturales pueden dar de comer a muchas familias, y fuera de la época de celebraciones, el turismo es el mejor aliado.
Discover more from Travel2Care
Subscribe to get the latest posts sent to your email.








