
Puerto Vallarta y Costalegre impulsan el turismo regenerativo desde el sector primario.
En el marco de la Feria Internacional de Turismo (FITUR, Madrid) el pasado 23 de enero, tuve el placer de entrevistar a Rocío Lancaster, directora general de Promoción del Turismo de Jalisco, quien nos compartió las estrategias y proyectos para fortalecer el turismo regenerativo en Puerto Vallarta y Costalegre.
Más allá de sus playas, Puerto Vallarta y Costalegre, son territorios de alta relevancia ambiental. Costalegre se encuentra en la zona sur de Jalisco y es un corredor costero de más de 300 km que comprende los municipios de Cabo Corrientes, La Huerta, Tomatlán y Cihuatlán, y que alberga ecosistemas clave para la biodiversidad. En esta área se encuentran ocho humedales de importancia internacional por su gran valor ecológico (Sitios Ramsar). Estos espacios desempeñan un papel fundamental en la regulación hídrica, la calidad del agua y la conservación de especies migratorias.
Dado que estas áreas son altamente vulnerables, en Puerto Vallarta y Costalegre se ha diseñado un plan integral que involucra a distintos actores locales para garantizar su protección.
Turismo regenerativo: transformando sectores productivos y naturaleza.
El turismo regenerativo no solo busca reducir el impacto ambiental de la actividad turística, sino que aspira a restaurar ecosistemas y fortalecer el tejido económico local. Un ejemplo destacado es la transformación del modelo ejidal en Puerto Vallarta. Tradicionalmente, estas tierras fueron explotadas para la industria maderera, pero hace más de 40 años los ejidatarios tomaron una decisión clave: sustituir la tala por la conservación.
Así nació Canopy River Park, un proyecto ecoturístico ubicado en el ejido El Jorullo, en la sierra sur de Puerto Vallarta, que ha permitido la reforestación del área y la diversificación económica para las comunidades. En lugar de extraer recursos naturales de forma intensiva, ahora se fomenta la recuperación del paisaje y se promueven actividades de bajo impacto como el senderismo y los circuitos de tirolinas. Este modelo demuestra que la regeneración ambiental puede ser económicamente viable cuando se combina con una estrategia turística bien estructurada.






Otro sector clave es la producción de raicilla, un destilado de agave con denominación de origen. Actualmente, se impulsa su producción responsable bajo principios de trazabilidad y comercio justo, asegurando que los beneficios económicos lleguen directamente a los productores sin intermediarios. Con esto, se protege un oficio tradicional y se fomenta un modelo de desarrollo local que evita la sobreexplotación del recurso.

Turismo de reuniones con valor social y medioambiental
Puerto Vallarta también está consolidando un modelo de turismo de reuniones que genere un impacto positivo en la comunidad. A través de colaboraciones con asociaciones civiles y organizaciones locales, se han desarrollado programas en los que los asistentes a congresos y convenciones pueden participar en iniciativas de apoyo a la infancia y proyectos de inclusión social.
Por otro lado, el Centro de Convenciones está ubicado en un estero natural, un humedal urbano fundamental para la regulación climática y la biodiversidad costera. Como parte de su compromiso ambiental, se han establecido normas estrictas para evitar la expansión de infraestructuras en la zona.
Además, se organizan recorridos educativos para concienciar a locales y visitantes sobre la importancia de su preservación. También se han impulsado campañas de recolección de residuos, promovidas por los hoteles, con el doble objetivo de mantener el área limpia y sensibilizar sobre la sostenibilidad.
Este enfoque no solo contribuye al bienestar de la población, sino que además redefine el turismo corporativo al integrarlo con acciones de responsabilidad social. Como resultado, Puerto Vallarta se ha posicionado como un destino que no solo ofrece infraestructura de primer nivel para eventos, sino que además integra el turismo de reuniones dentro de una estrategia más amplia de impacto comunitario.
La importancia de estos esfuerzos radica en la capacidad de integrar la actividad turística con la conservación ecológica sin comprometer la integridad del ecosistema. Estas acciones han sido reconocidas como un modelo de gestión urbana compatible con la protección del medio ambiente.

Certificaciones, alianzas internacionales y capacitación: asegurando la gestión responsable del destino.
Para garantizar la sostenibilidad en Puerto Vallarta, por ejemplo, ha adoptado estándares internacionales que regulan la gestión de sus recursos naturales y la operación de sus empresas turísticas. Actualmente, cuenta con tres playas certificadas bajo el sello Blue Flag, el cual avala la calidad del agua, la correcta disposición de residuos y el acceso seguro para los visitantes.
Rocío nos adelantó que se está trabajando en un plan macro para profundizar en la sostenibilidad de los destinos. En este contexto, se están explorando vías de colaboración con distintos aliados para diseñar estrategias más integrales y sostenibles.





Un destino en evolución con impacto medible
En Costalegre se ha planteado y asumido el compromiso de construir un modelo de desarrollo con planeación estratégica que permita el pleno aprovechamiento del potencial del territorio, al tiempo de equilibrar y reducir la disparidad social, económica y de infraestructura exsistente.
Por otro lado, Puerto Vallarta no solo ha apostado por la transformación de su modelo turístico, sino que ha logrado avances tangibles en su compromiso con la sostenibilidad. En los últimos cinco años, ha reducido la huella de carbono de su industria turística gracias a la implementación de energías renovables, estrategias de movilidad sustentable y el fortalecimiento de la economía circular en sectores clave.
Estos resultados demuestran que es posible armonizar el desarrollo turístico con la conservación ambiental y el bienestar social cuando se establecen objetivos claros y estrategias de largo plazo.Puerto Vallarta, y en general el estado de Jalisco, están comprometidos con la evolución de su modelo turístico, buscando un equilibrio entre el crecimiento económico, la conservación ambiental y el bienestar social. Con un enfoque holístico, el destino trabaja para proteger su biodiversidad, cultura, gastronomía y patrimonio, mientras genera un impacto socioeconómico positivo en sus comunidades locales.
“La sostenibilidad no es una opción, es la única vía para garantizar el futuro de nuestras comunidades y ecosistemas”. – Christiana Figueres

Puerto Vallarta y Costalegre, destinos que evolucionan hacia un turismo con impacto positivo.

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